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Escritos

 

Agosto 2019

  • La belleza ​​

 

​Después de mi última publicación, que debo decir, tuvo mucho éxito, me embarco a hablar sobre algo que estuve reflexionando anoche... 

 

Debo confesaros que no sé muy bien si se va a entender lo que quiero transmitir, pero sobretodo quiero que os quedéis con lo más importante: todo lo que comparto aquí nace, crece y muere de mi propia experiencia.

 

Anoche reflexioné sobre un comentario que me hizo una amiga: “Si tuviera el estómago que tienes tú, te aseguro que me dedicaría a lo mismo.”

 

Estómago. ¡Dios! Esa palabra resuena en mi cabeza como el mayor de los prejuicios de mi trabajo. Horrible estigma.

 

Antes de nada, desde luego que para mí tener estómago es otra cosa, no este trabajo. Se trata simplemente de que para mí, mi constructo mental sobre el sexo no está relacionado con el amor intrínsecamente. En el caso de mi amiga, sí lo está.

 

Pero volviendo al comentario, ¿por qué ella lo ve de esa forma? Para mí, el atractivo físico es algo que ocupa un segundo plano en mis relaciones laborales. Somos pues las trabajadoras sexuales como diría Despentes: “las que no juzgan” y las que realmente vemos lo que se conoce popularmente como la “belleza interior”?

 

No sé si es así, y no me gustaría sonar idealista,  pero mi reflexión de todo esto que os acabo de soltar es la siguiente: 

 

No son pocas las veces que noto las miradas de recelo al decir que sí, tengo sexo con personas que a simple vista no cumplen “el canon de belleza” ¿y qué? He tenido sexo, buen sexo, con personas que me han parecido el doble de encantadoras que guapas, y eso me parece algo la mar de positivo. Algo que este trabajo me ha enseñado y que en un ámbito más personal no me habría dedicado a explorar. Esto es algo que debería hacernos reflexionar sobre cómo vemos el sexo, sobre cómo los constructos sociales de belleza han minado dentro de nosotros, sobre cómo follamos la belleza y no la persona y como aún se mira con pena a quienes no tenemos problema alguno por tener sexo con diferentes personas, cada una con su belleza.

 

¿No deberían, por tanto, quienes me conocen alegrarse al decirles que soy capaz de disfrutar, valorar y admirar partes menos visibles de mis clientes? ¿Que en estos tres años no he rechazado a nadie por su belleza física? 

No, nunca ocurre, siempre me van y nos van a mirar con cara de lástima.

 

Mi trabajo tiene ambas cara de una misma moneda, vive de la imagen y se nutre de la belleza física, pero a la vez te regala la verdadera intimidad dentro de una habitación, dos cuerpos sinceros, solos, sin juicios ni apariencias...

 

Valérie 

 

Febrero 2019

 

  • Como descubrí y aprendí a disfrutar del BDSM con mi primer sumiso.

 

Esta historia puede ser larga o corta, depende de los ojos de quien la lea, pero espero que la disfrutéis leyéndola tanto como estoy haciendo yo escribiéndola y plasmándola en este papel.

 

Recordatorio: Obviamente no daré ningún dato comprometedor, ante todo soy buena profesional y lo que ocurre en mis citas se queda entre esa o esas personas que conformamos el encuentro.

 

Nos trasladamos a principios de 2017,. Mi acercamiento en el mundo del BDSM no empezó con tacones, látex ni strap-on, no. Empezó siendo una cita clásica.

 

Él, yo, un hotel con vistas a Barcelona un sábado al mediodía…

 

Él era más alto, gafas, pelo moreno y aspecto intelectual, y con tendencia a la introversión (o al menos fue mi primera sensación.) Muy, muy educado, me abrió la puerta y me dio la bienvenida.

En todo ese tiempo de saludos protocolarios yo no era nada consciente de que estaba empezando mi ¨casting¨ como ama.

 

Así aprendí la primera lección del BDSM: El sumiso escoge a su ama, y no al revés.

 

La cita fue muy bien, nos entendimos, nos reímos, hablamos, nos besamos y nos descubrimos a la par que nos sorprendimos de que ya en la primera cita, sutilmente, apareciera una jerarquía de poder, yo en mi papel y él en el suyo.

Al acabar el tiempo de la cita, mi sensación fue de alguien con curiosidad y sin muchos problemas para experimentar otros terrenos. Ciertamente no me equivocaba, mi sumiso había empezado a mostrarme sus intenciones.

 

Pasaron unos meses hasta que volví a saber de él. En ese momento, en su email empezó proponiéndome nuestra primera cita como ama y sumiso, y yo ahí temblé, y me puse nerviosa y me dije a mí misma que me encanta mi trabajo porque me propone retos, y ese reto suponía crear a ama Valérie. Y ahí volví a temblar.

 

Un inciso. En ese momento me puse nerviosa porque mi mente era una hoja de papel en blanco. No sabía nada del BDSM y mucho menos a ser yo quien gestionara toda la situación pero mi alma inquieta y curiosa no dijo que no, y ambos, nos lanzamos.

 

Honestamente le hice llegar que mi experiencia era entre poco y nada, pero él me guió hasta el punto de que, a pesar de que nuestra primera cita de BDSM ‘soft’ yo fuera ama Valérie, desde el primer momento, quien llevó las riendas y me llevó hacia lugares desconocidos, fue él.

 

Esa primera (o segunda) cita fue placentera, torpe, divertida, deslumbrante e impactante. Aunque yo aún no había conectado con ‘’ama Valérie’’,  esa y algunas citas más fueron más de aprendizaje que de pura diversión.

 

Durante esas citas crecimos juntos, y yo cada vez me sentía más cómoda en mi papel, poco a poco me dejaba llevar más, tanto que en nuestra última cita ambos hemos sabido disfrutar al máximo, y ya sus emails no empiezan como Valérie, sino como ama Valérie. Y yo ya no tiemblo: sonrío…

 

Como Valérie soy muchas cosas: artista, cálida, espontanea, activista, cariñosa, divertida y muy curiosa; y esa curiosidad ha hecho que naciera mi yo ‘dómina’ una parte de mí que me evoca lo mismo que esos bombones rellenos de licor. Dulces, suaves y con ese punto singular que los hace adictivos.

Valérie

Diciembre 2018

  • Despidiéndome de 2018

Antes de que acabe el año, no quiero dejar pasar la oportunidad de reescribir mi año.

 

Este es el tercer año que continúo siendo trabajadora sexual y he asimilado y gestionado mucho mejor las críticas y los buenos momentos. Como dice la frase: no te creas demasiado las críticas, ni los halagos. Este año ha sido sin duda el año en el que he interiorizado todo esto.

 

He aprendido a saber que es exactamente lo que quiero transmitiros, y aunque nada será comparable a una interacción cara a cara, he crecido como persona y como trabajadora sexual y aspiro a que todo esto sea visible.

 

Ha sido el año que he visto por primera vez el ballet “El lago de los cisnes” y me he enamorado y he llorado con tan maravilloso espectáculo.

 

El año en el que he viajado a Girona con mis amores y compañeras Saisei Chan y Ariadna Cases a nuestro primer debate con una abolicionista, y aunque andaba un poco perdida, aprendimos, nos reímos y nos unimos más. Este año claramente también he comprendido la importancia de la información, y aunque a veces la verdad no sea suficiente para derrocar el poder institucional, continúa siendo imprescindible para nosotras.

 

He viajado a Roma y he convivido con artistas de diferente índole y he conocido a personas bellísimas.

He colaborado en proyectos maravillosos que verán la luz en 2019 y tengo en mente proyectos personales que espero empezar sin duda este próximo año.

 

He viajado a Madrid, mi segundo hogar y me habéis regalado momentos, caricias, miradas, libros e historias...

 

He visto Saturno y cenado bajo las estrellas.

 

Y estoy volviendo a descubrir Barcelona, a la maravillosa Barcelona.

 

En resumen, he continuado maravillándome con la vida, con mi vida y con todo lo que me ha regalado este trabajo.

 

Por todo esto, a los que continuáis visitándome, a los que vinisteis solo una vez, a los que vinisteis a probar y os quedasteis y a los que aún no habéis venido y lo haréis en 2019 os mando besos enormes.

 

Valérie

 

 

mayo 2018

  • La excusa del deseo

​El sexo no tiene porque ir unido a una necesidad o un deseo. El sexo puede ser simplemente estar con alguien, es sentir a alguien, es disfrutar de como tu cuerpo se descubre y auto descubre con otra persona. Las trabajadoras sexuales sobrepasamos la barrera del deseo físico y nos adentramos a explorar una forma de conexión con personas diferentes y nuevas, personas con las que nos vemos disfrutando de su compañía, más allá de si sentimos deseos de vivir una aventura extra corpórea con él o ella. Porque desnudarte frente a alguien va más allá del coito y me resulta curioso como hay personas que pretenden hacer de este mundo un lugar mejor “sin putas” pero utilizan una argumentación tan simplista como que el sexo sin deseo es violación.

 

 

Enero 2018

​​

  • Recitarte poemas

 

Y créeme cuando te digo,
que recitarte poemas al oído
es lo más parecido, 
A sentir cosquilleos en tus latidos.

Susurrarte y contarte historias, de mentira o de verdad.

Eso no te importará.

Porque mi piel será cálida,
Y tus labios,
imanes de ferrita.

Quiero susurrarte poemas
esos, que tanto anhelas.

 

Valérie

 

Enero 2018

​​

  • El escritor

 

Hace un tiempo, cuando mi web tenía formas y colores distintos, disfrutaba de una sección, llamada ” Dicen…” Era una sección destinada a compartir algunas experiencias de clientes recogidas de allí y de allá, para acercar un poco más a los desconocidos qué es, cómo surge, a qué invita la experiencia que ofrezco: la girlfriend experience. Al cabo de un tiempo decidí eliminarla. La eliminé porque me di cuenta de que las experiencias, como las personas, son subjetivas y esto no es implícitamente malo, solo que procuro que mi experiencia sea, y es, diferente para cada persona que la vive.

Pero hoy, de la nada me ha llegado un correo, un correo de alguien sutilmente conocido. Ese alguien con quien compartí momentos cálidos, dulces, íntimos, ingrávidos e intensos a la vez, como ese perfume que te trae recuerdos leves. He leído la carta, era una experiencia escrita con cuidado, ganas y cariño y me he sentido atraída a dedicarle unas palabras y un apartado en esta sección, en este cajón desastre de vivencias. Espero que la disfrutéis y la sintáis.

 

Valérie

 

“No estaba seguro, la verdad, pero después de ver algunas de sus fotos, y leer sus escritos, necesitaba conocerla. Nunca había estado con una persona de su trabajo, y sentía curiosidad. Sí, esa es la palabra. Curiosidad. No era deseo. Era curiosidad. Le escribí un mensaje. 

Su tono era cercano y amable. Nada condescendiente, ni sensual. “Hola!” “Claro que podemos quedar”, “¿sabes dónde?” “Seguro que lo pasamos genial!” Tenía la sensación de estar concertando una cita con una amiga de toda la vida. 

Concretamos una mañana. Gimnasio, ducha, afeitado… Yo pensaba ¿por qué me arreglo tanto? ¡Si a lo mejor, le da igual! pero me di cuenta de que a mi NO me daba igual. Quería estar bien para ella y para mi. Y me sentí guapete. Informal, pero arreglado.

Pensé en llevarle un regalo. ¿Un libro? cultureta. ¿un boli chulo? infantil. ¿un cd? antiguo… descarté la idea del regalo. 

Vamos,que estaba nervioso. ¿qué podía encontrarme? ¿qué me enseñaría? ¿de qué se habla con una desconocida que sabes que sabe que quieres…? 

Llegué antes. Jugué un rato con el móvil, y llamó a  la puerta de mi habitación de hotel. Sus fotos no le hacen ninguna justicia. Ella es más pequeñita, pero muchísimo más “de verdad”. Tejanos, blusa, botas, esas gafas. Era como recibir la visita de los reyes magos! ¿en la cama o en el sofá? ¡sofá! es más cómodo para hablar! Nos sentamos a charlar: De mi trabajo, de mis amigos, de sus aficiones, del origen de su nombre… Sincera, cercana. Como una  compañera de clase de la universidad, tomando un café. 

Me contó cosas sobre sus tatuajes que me hicieron reir, y hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan escuchado.Durante ese ratito, sentados en el sofá, tres veces me rozó una pierna, casi sin darse cuenta. Estaba cerca, notaba un perfume muy suave, y su sonrisa era fantástica.¿Y su voz? Calmada, juvenil, risueña. De verdad, nunca hubiera dejado de hablar con ella.  

De repente, con total naturalidad, dijo “ui, perdona,voy un momento al servicio!”. Yo seguí bebiéndome mi agua, pensando que había sido un tonto, que debía haberle regalado un libro, que le hubiera encantado. 

Pero… a los dos minutos salió. Semidesnuda. con la misma sonrisa. Se sentó en mis rodillas. Me susurró algo que ni recuerdo. Su perfume era igual de embriagador, pero estaba mucho más cerca. Su piel era suave como… yo qué sé… me sentí envuelto, mientras me desnudaba poco a poco. mientras, entre risas y susurros, me acariciaba, me besaba, me llenaba, se dejaba llevar por mi ritmo, guiaba mis manos por su cuerpo, voluptuoso, dulce. 

Entre los dos, fuimos por un rato una sola persona. Nos entendimos a la perfección, sin fisuras ni vergüenzas, sin reproches ni rollos raros. Creo también que hacía tiempo que no me reía tanto después del sexo. Seguimos bromeando mientras nos abrazábamos, mientras nos vestíamos, mientras recogíamos nuestras cosas.

No la llamé por deseo, sino por curiosidad. 

Y encontré que lo importante no es lo que ella vende. Lo importante es lo que regala. Que eso, lo que regala, es una experiencia maravillosa.” IVAN 

 

 

Enero 2018

​​

  • Quiero

 

Quiero respiración entrecortada.

Quiero cálidos labios,

la saliva y el olor de ese instante convertido en dos.

Quiero escucharte, sentirte, atraparme y dolerme,

quiero agotador sudor,

quiero todo.

Quiero el hedonismo convertido en desnudo.

Quiero mirar entre tus pliegues, arrugas y pecas.

Quiero ser espectadora de tu danza.

Quiero jugar a que no tenemos límites, 

a que descubras que el límite,

soy yo. 

 

Valérie

 

Octubre 2017

​​

  • ¿Qué tal el trabajo?

 

Hace ya unos cuantos meses que he dejado un poco de lado esto de escribir. Al menos en mi web. Aunque siempre tengo ideas rondando por esta cabeza, ponerme delante del ordenador para publicar algo ya es otra cosa.

Os he hablado de los besos, de la intuición, de la “no esclavitud” de la prostitución e incluso he colgado un vídeo con mi querida Ariadna. He escrito de mucho y de nada…

Pero a lo largo del tiempo apenas me he dado un respiro en escribir sobre, tal vez, una de las peores partes de mi trabajo: esa parte que no se nos permite mostrar, donde decir algo negativo de él es tergiversar nuestras palabras y desmontar una a una cada sílaba y vocal hasta dejarnos desnudas.

El estigma.

Nunca he sentido, en cualquier otro ámbito de mi vida, algo tan fuerte. Es como esa sensación de justificación constante; saber que aunque la gente lo entienda, pocos comprenden de verdad; sabes que habrá gente que querrá realmente escucharte, otros te preguntarán las típicas preguntas, esas como cuando eres vegetariano que se repiten tanto que pierden la poca gracia que tienen. Pero la que más difícil se me ha hecho ha sido, sin duda, la inexistente pregunta en mi entorno de: ¿qué tal el trabajo?

Es una pregunta absurda y muchos pensaréis: ¿Por qué le importa tanto que nadie le pregunte qué tal el trabajo? Pues, amigos, porque no preguntarme eso es como no querer ver qué hago con mi vida. Es querer dejar en el abismo algo en lo que ocupo gran parte de mi tiempo. Porque no preguntármelo es como si eso estuviera muerto, como si no existiera y eso es lo más difícil.

Ojo, como he dicho antes, decir esto no implica que me pase el día llorando y lamentando mi desgracia, ¡nada más lejos de la realidad! Y menos espero que alguien venga consolándome y victimizándome. Sólo saco a la luz una realidad presente, pero no dejo de amar mi profesión ni un solo instante por ello.

Valérie

 

Noviembre 2016

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  •  BESOS

 

Llevo unos cinco meses en este oficio, y no hay día que no descubra cosas de mí, de mis amantes, de mis compañeras.

Me permito el placer de exprimir cada experiencia que me regala este trabajo y lo cierto es que hace días que vengo dándole vueltas a la necesidad imperiosa de escribir sobre los besos porque en todas mis citas me gusta besar y me gusta besar con todo mi yo, con toda Valérie.

Quien me ha besado sabe que para mí son esos momentos los que marcan un antes y un después en mis encuentros. La conexión sensorial hecha poesía que tanto admiro y disfruto.

Y tengo que decir que en mi caso, sin besos, no podría trabajar ni relacionarme en mi vida personal.

Los besos, son tan dispares y diferentes como las personas y ahora que puedo decir que he besado unos cuantos labios puedo decir que están los suaves, los duros, los dulces, los apasionados, los románticos, los juguetones, los tímidos, los frikis, los seguros, los torpes, los tiernos, los dudosos,  con lengua, sin lengua, con un pequeño mordisco…

El beso es como ese primer contacto sexual y sensual, ese momento donde sabes qué va a pasar después, donde empiezas a sentir ciertos calambres y escalofríos y una suave y delicada excitación en cada extremidad de tu cuerpo.

Tu cuerpo empieza a hablar y se deja llevar por cada movimiento de nuestros labios y de nuestra lengua. Es como ese pre-sexo, es sexo antes del sexo, es ese orgasmo oral, es una droga adictiva que probamos de adolescentes con toda la torpeza e inocencia y nos acompaña en nuestra vida, y como ella, creciendo nuestra experiencia de la misma forma que vamos madurando y aprendiendo.

Soy de las que disfrutan del placer, soy una hedonista y soy adicta a esos pequeños placeres.

Y un beso…

Es el billete de un viaje hacia el otro, hacia nosotros mismos.

Valérie.